Si
imaginamos
la
ciudad
vacía,
veríamos
solo
su
estructura
habitable,
el
escenario
inmóvil
de
la
coexistencia,
un
teatro
cotidiano,
un
laberinto
ilógico,
donde
lo
construido
funciona
como
telón
de
fondo
de
la
multiplicidad
dada
por
sus
habitantes.
A
su
vez,
lo
masivo
o
lo
colectivo
nos
hace
concluir
que
en
lo
urbano
pueden
existir
realidades
múltiples
y
que
cada
uno
de
los
habitantes
convierte
en
cuerpo
lo
urbano.
Así,
esta
perspectiva
única
y
particular
transforma
en
subjetivo
el
concepto de
paisaje
La
ciudad
es
una
de
las
obras
más
antiguas
del
hombre,
pero
el
auge
de
la
urbanidad
coincidió
con
el
surgimiento
de
la
fotografía.
La
cámara
fotográfica
se
transformó,
entonces,
en
una
caja
mágica
que
permitía
conocer
distintos
lugares
sin
salir
de
la
casa.
De
esta
manera,
la
ciudad
comenzó
a
ser
percibida
de
forma
fragmentada
y,
por
lo
tanto,
concebida
y
poseída
por
trozos.
Con
la
era
de
la
post-fotografía,
la
foto
ya
dejó
de
ser
utilizada
sólo
para
conocer,
sino
que
se
emplea
para
reconocer
,
en
una
especie
de
ritual
sedentario
que
permite
la
memoria
e
incentiva
el
viaje
de
descubrimiento
hacia
lugares que ya son familiares.